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Madre | Criada | Leonardo | Mozos |
Novia | Vecina | Novio | Leñadores; |
Suegra | Muchachas | Padre de la novia | Mozos |
Mujer de Leonardo | Luna | Muerte | |
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Habitación pintada de amarillo.
Novio:(Entrando) Madre.
Madre: ¿Que?
Novio:Me voy.
Madre: ¿Adónde?
Novio:A la viña. (Va a salir)
Madre: Espera.
Novio:¿Quieres algo?
Madre: Hijo, el almuerzo.
Novio:Déjalo. Comeré uvas. Dame la navaja.
Madre: ¿Para qué?
Novio:(Riendo)Para cortarlas.
Madre: (Entre dientes y buscándola)La navaja, la navaja... Malditas sean todas y el bribón que las inventó.
Novio:Vamos a otro asunto.
Madre: Y las escopetas, y las pistolas, y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y los bieldos de la era.
Novio:Bueno.
Madre: Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados...
Novio:(Bajando la cabeza)Calle usted.
Madre: ... y ese hombre no vuelve. O si vuelve es para ponerle una palma encima o un plato de sal gorda para que no se hinche. No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo a la serpiente dentro del arcón.
Novio:¿Está bueno ya?
Madre: Cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa. Primero, tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.
Novio:(Fuerte)¿Vamos a acabar?
Madre: No. No vamos a acabar. ¿Me puede alguien traer a tu padre y a tu hermano? Y luego, el presidio. ¿Qué es el presidio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muertos llenos de hierba, sin hablar, hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios... Los matadores, en presidio, frescos, viendo los montes...
Novio:¿Es que quiere usted que los mate?
Madre: No... Si hablo, es porque... ¿Cómo no voy a hablar viéndote salir por esa puerta? Es que no me gusta que lleves navaja. Es que.... que no quisiera que salieras al campo.
Novio:(Riendo)¡Vamos!
Madre: Que me gustaría que fueras una mujer. No te irías al arroyo ahora y bordaríamos las dos cenefas y perritos de lana.
Novio:(Coge de un brazo a la madre y ríe)Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas?
Madre: ¿Qué hace en las viñas una vieja? ¿Me ibas a meter debajo de los pámpanos?
Novio:(Levantándola en sus brazos)Vieja, revieja, requetevieja.
Madre: Tu padre sí que me llevaba. Eso es buena casta. Sangre. Tu abuelo dejó a un hijo en cada esquina. Eso me gusta. Los hombres, hombres, el trigo, trigo.
Novio:¿Y yo, madre?
Madre: ¿Tú, qué?
Novio:¿Necesito decírselo otra vez?
Madre: (Seria)¡Ah!
Novio:¿Es que le parece mal?
Madre: No
Novio:¿Entonces...?
Madre: No lo sé yo misma. Así, de pronto, siempre me sorprende. Yo sé que la muchacha es buena. ¿Verdad que sí? Modosa. Trabajadora. Amasa su pan y cose sus faldas, y siento, sin embargo, cuando la nombro, como si me dieran una pedrada en la frente.
Novio:Tonterías.
Madre: Más que tonterías. Es que me quedo sola. Ya no me queda más que tú, y siento que te vayas.
Novio:Pero usted vendrá con nosotros.
Madre: No. Yo no puedo dejar aquí solos a tu padre y a tu hermano. Tengo que ir todas las mañanas, y si me voy es fácil que muera uno de los Felix, uno de la familia de los matadores, y lo entierren al lado. ¡Y eso sí que no! ¡Ca! ¡Eso sí que no! Porque con las uñas los desentierro y yo sola los machaco contra la tapia.
Novio: (Fuerte)Vuelta otra vez.
Madre: Perdóname.(Pausa) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones?
Novio: Tres años. Ya pude comprar la viña.
Madre: Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no?
Novio: No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quien se casan.
Madre: Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está.
Novio: Usted sabe que mi novia es buena.
Madre: No lo dudo. De todos modos, siento no saber cómo fue su madre.
Novio: ¿Qué más da?
Madre: (Mirándole)Hijo.
Novio: ¿Qué quiere usted?
Madre: ¡Que es verdad! ¡Que tienes razón! ¿Cuándo quieres que la pida?
Novio: (Alegre)¿Le parece bien el domingo?
Madre: (Seria)Le llevaré los pendientes de azófar, que son antiguos, y tú le compras...
Novio: Usted entiende más...
Madre: Le compras unas medias caladas, y para ti dos trajes... ¡Tres! ¡No te tengo más que a tí!
Novio: Me voy. Mañana iré a verla.
Madre: Sí, sí; y a ver si me alegras con seis nietos, o lo que te dé la gana, ya que tu padre no tuvo lugar de hacérmelos a mí.
Novio: El primero para usted.
Madre: Sí, pero que haya niñas. Que yo quiero bordar y hacer encaje y estar tranquila.
Novio: Estoy seguro que usted querrá a mi novia.
Madre: La querré. (Se dirige a besarlo y reacciona)Anda, ya estás muy grande para besos. Se los das a tu mujer.(Pausa. Aparte)Cuando lo sea.
Novio: Me voy.
Madre: Que caves bien la parte del molinillo, que la tienes descuidada.
Novio: ¡Lo dicho!
Madre: Anda con Dios.
(Vase el novio. La madre queda sentada de espaldas a la puerta. Aparece en la puerta una vecina vestida de color oscuro, con pañuelo a la cabeza.)
Madre: Pasa.
Vecina: ¿Cómo estás?
Madre: Ya ves.
Vecina: Yo bajé a la tienda y vine a verte. ¡Vivimos tan lejos...!
Madre: Hace veinte años que no he subido a lo alto de la calle.
Vecina: Tú estas bien.
Madre: ¿Lo crees?
Vecina: Las cosas pasan. Hace dos días trajeron al hijo de mi vecina con los dos brazos cortados por la máquina.(Se sienta.)
Madre: ¿A Rafael?
Vecina: Sí. Y allí lo tienes. Muchas veces pienso que tu hijo y el mío están mejor donde están, dormidos, descansando, que no expuestos a quedarse inútiles.
Madre: Calla. Todo eso son invenciones, pero no consuelos.
Vecina: ¡Ay!
Madre: ¡Ay!Pausa)
Vecina: (Triste)¿Y tu hijo?
Madre: Salió.
Vecina: ¡Al fin compró la viña!
Madre: Tuvo suerte.
Vecina: Ahora se casará.
Madre: (Como despertando y acercando su silla a la silla de la vecina.)Oye.
Vecina: (En plan confidencial)Dime.
Madre: ¿Tú conoces a la novia de mi hijo?
Vecina: ¡Buena muchacha!
Madre: Sí, pero...
Vecina: Pero quien la conozca a fondo no hay nadie. Vive sola con su padre allí, tan lejos, a diez leguas de la casa más cerca. Pero es buena. Acostumbrada a la soledad.
Madre: ¿Y su madre?
Vecina: A su madre la conocí. Hermosa. Le relucía la cara como un santo; pero a mí no me gustó nunca. No quería a su marido.
Madre: (Fuerte)Pero ¡cuántas cosas sabéis las gentes!
Vecina: Perdona. No quisiera ofender; pero es verdad. Ahora, si fue decente o no, nadie lo dijo. De esto no se ha hablado. Ella era orgullosa.
Madre: ¡Siempre igual!
Vecina: Tú me preguntaste.
Madre: Es que quisiera que ni a la viva ni a la muerte las conociera nadie. Que fueran como dos cardos, que ninguna persona los nombra y pinchan si llega el momento.
Vecina: Tienes razón. Tu hijo vale mucho.
Madre: Vale. Por eso lo cuido. A mí me habían dicho que la muchacha tuvo novio hace tiempo.
Vecina: Tendría ella quince años. Él se casó ya hace dos años con una prima de ella, por cierto. Nadie se acuerda del noviazgo.
Madre: ¿Cómo te acuerdas tú?
Vecina: ¡Me haces unas preguntas...!
Madre: A cada uno le gusta enterarse de lo que le duele. ¿Quién fue el novio?
Vecina: Leonardo.
Madre: ¿Qué Leonardo?
Vecina: Leonardo, el de los Félix.
Madre: (Levantándose)¡De los Félix!
Vecina: Mujer, ¿qué culpa tiene Leonardo de nada? Él tenía ocho años cuando las cuestiones.
Madre: Es verdad... Pero oigo eso de Félix y es lo mismo (entre dientes) Félix que llenárseme de cieno la boca (escupe), y tengo que escupir, tengo que escupir por no matar.
Vecina: Repórtate. ¿Qué sacas con eso?
Madre: Nada. Pero tú lo comprendes.
Vecina: No te opongas a la felicidad de tu hijo. No le digas nada. Tú estás vieja. Yo, también. A ti y a mí nos toca callar.
Madre: No le diré nada.
Vecina: (Besándola)Nada.
Madre: (Serena)¡Las cosas...!
Vecina: Me voy, que pronto llegará mi gente del campo.
Madre: ¿Has visto qué día de calor?
Vecina: Iban negros los chiquillos que llevan el agua a los segadores. Adiós, mujer.
Madre: Adiós.
(Se dirige a la puerta de la izquierda. En medio del camino se detiene y lentamente se santigua.)
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Habitación pintada de rosa con cobres y ramos de flores populares. En el centro, una mesa con mantel. Es la mañana. Suegra de Leonardo con un niño en brazos. Lo mece. La mujer, en la otra esquina, hace punto de media.
Suegra:
Nana, niño, nanaMujer: (Bajo)
del caballo grande
que no quiso el agua.
El agua era negra
dentro de las ramas.
Cuando llega el puente
se detiene y canta.
¿Quién dirá, mi niño,
lo que tiene el agua
con su larga cola
por su verde sala?
Duérmete, clavel,Suegra:
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal,Mujer:
que el caballo se pone a llorar.
Las patas heridas,
las crines heladas,
dentro de los ojos
un puñal de plata.
Bajaban al río.
¡Ay, cómo bajaban!
La sangre corría
más fuerte que el agua.
Duérmete, clavel,Suegra:
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal,Mujer:
que el caballo se pone a llorar.
No quiso tocarSuegra:
la orilla mojada,
su belfo caliente
con moscas de plata.
A los montes duros
solo relinchaba
con el río muerto
sobre la garganta.
¡Ay caballo grande
que no quiso el agua!
¡Ay dolor de nieve,
caballo del alba!
¡No vengas! Detente,Mujer:
cierra la ventana
con rama de sueños
y sueño de ramas.
Mi niño se duerme.Suegra:
Mi niño se calla.Mujer:
Caballo, mi niñoSuegra:
tiene una almohada.
Su cuna de acero.Mujer:
Su colcha de holanda.Suegra:
Nana, niño, nana.Mujer:
¡Ay caballo grandeSuegra:
que no quiso el agua!
¡No vengas, no entres!Mujer: (Mirando)
Vete a la montaña.
Por los valles grises
donde está la jaca.
Mi niño se duerme.Suegra:
Mi niño descansa.Mujer: (Bajito)
Duérmete, clavel,Mujer: (Levantándose, y muy bajito)
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal.(Entran al niño. Entra Leonardo)
que el caballo se pone a llorar.
Las patas heridas,Mujer: (Volviéndose lentamente y como soñando)
las crines heladas,
dentro de los ojos
un puñal de plata.
Bajaban al río.
La sangre corría
más fuerte que el agua.
Duérmete, clavel,Suegra:
que el caballo se pone a beber.
Duérmete, rosal,Mujer:
que el caballo se pone a llorar.
Nana, niño, nana.Suegra:
Ay, caballo grande,Mujer: (Dramática)
que no quiso el agua!
¡No vengas, no entres!Suegra: (Llorando)
¡Vete a la montaña!
¡Ay dolor de nieve,
caballo del alba!
Mi niño se duerme...Mujer: (Llorando y acercándose lentamente)
Mi niño descansa...Suegra:
Duérmete, clavel,Mujer: (Llorando y apoyándose sobre la mesa.)
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal,
que el caballo se pone a llorar.
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Interior de la cueva donde vive la novia. Al fondo, una cruz de grandes flores rosa. Las puertas, redondas, con cortinajes de encaje y lazos rosa. Por las paredes, de material blanco y duro, abanicos redondos, jarros azules y pequeños espejos.
Criada: Pasen... (Muy afable, llena de hipocresía humilde. Entran el novio y su madre. La madre viste de raso negro y lleva mantilla de encaje. El novio, de pana negra con gran cadena de oro.) ¿Se quieren sentar? Ahora vienen. (Sale.) (Quedan madre e hijo sentados, inmóviles como estatuas. Pausa larga.)
Madre: ¿Traes el reloj?
Novio: Sí. (Lo saca y lo mira.)
Madre: Tenemos que volver a tiempo. ¡Qué lejos vive esta gente!
Novio: Pero estas tierras son buenas.
Madre: Buenas; pero demasiado solas. Cuatro horas de camino y ni una casa ni un árbol.
Novio: Estos son los secanos.
Madre: Tu padre los hubiera cubierto de árboles.
Novio: ¿Sin agua?
Madre: Ya la hubiera buscado. Los tres años que estuvo casado conmigo, plantó diez cerezos. (Haciendo memoria.) Los tres nogales del molino, toda una viña y una planta que se llama Júpiter, que da flores encarnadas, y se secó. (Pausa.)
Novio: (Por la novia) Debe estar vistiéndose.
(Entra el padre de la novia. Es anciano, con el cabello blanco, reluciente. Lleva la cabeza inclinada. La madre y el novio se levantan y se dan las manos en silencio.)
Padre: ¿Mucho tiempo de viaje?
Madre: Cuatro horas. (Se sientan.)
Padre: Habéis venido por el camino más largo.
Madre: Yo estoy ya vieja para andar por las terreras del río.
Novio: Se marea. (Pausa)
Padre: Buena cosecha de esparto.
Novio: Buena de verdad.
Padre: En mi tiempo, ni esparto daba esta tierra. Ha sido necesario castigarla y hasta llorarla, para que nos dé algo provechoso.
Madre: Pero ahora da. No te quejes. Yo no vengo a pedirte nada.
Padre: (Sonriendo) Tú eres más rica que yo. Las viñas valen un capital. Cada pámpano una moneda de plata. Lo que siento es que las tierras.... ¿entiendes?... estén separadas. A mí me gusta todo junto. Una espina tengo en el corazón, y es la huertecilla esa metida entre mis tierras, que no me quieren vender por todo el oro del mundo.
Novio: Eso pasa siempre.
Padre: Si pudiéramos con veinte pares de bueyes traer tus viñas aquí y ponerlas en la ladera. ¡Qué alegría!...
Madre: ¿Para qué?
Padre: Lo mío es de ella y lo tuyo de él. Por eso. Para verlo todo junto, ¡que junto es una hermosura!
Novio: Y sería menos trabajo.
Madre: Cuando yo me muera, vendéis aquello y compráis aquí al lado.
Padre: Vender, ¡vender! ¡Bah!; comprar hija, comprarlo todo. Si yo hubiera tenido hijos hubiera comprado todo este monte hasta la parte del arroyo. Porque no es buena tierra; pero con brazos se la hace buena, y como no pasa gente no te roban los frutos y puedes dormir tranquilo. (Pausa.)
Madre: Tú sabes a lo que vengo.
Padre: Sí.
Madre: ¿Y qué?
Padre: Me parece bien. Ellos lo han hablado.
Madre: Mi hijo tiene y puede.
Padre: Mi hija también.
Madre: Mi hijo es hermoso. No ha conocido mujer. La honra más limpia que una sábana puesta al sol.
Padre: Qué te digo de la mía. Hace las migas a las tres, cuando el lucero. No habla nunca; suave como la lana, borda toda clase de bordados y puede cortar una maroma con los dientes.
Madre: Dios bendiga su casa.
Padre: Que Dios la bendiga.
(Aparece la criada con dos bandejas. Una con copas y la otra con dulces.)
Madre: (Al hijo) ¿Cuándo queréis la boda?
Novio: El jueves próximo.
Padre: Día en que ella cumple veintidós años justos.
Madre: ¡Veintidós años! Esa edad tendría mi hijo mayor si viviera. Que viviría caliente y macho como era, si los hombres no hubieran inventado las navajas.
Padre: En eso no hay que pensar.
Madre: Cada minuto. Métete la mano en el pecho.
Padre: Entonces el jueves. ¿No es así?
Novio: Así es.
Padre: Los novios y nosotros iremos en coche hasta la iglesia, que está muy lejos, y el acompañamiento en los carros y en las caballerías que traigan.
Madre: Conformes.
(Pasa la criada)
Padre: Dile que ya puede entrar. (A la madre.) Celebraré mucho que te guste.
(Aparece la novia. Trae las manos caídas en actitud modesta y la cabeza baja.)
Madre: Acércate. ¿Estás contenta?
Novia: Sí, señora.
Padre: No debes estar seria. Al fin y al cabo ella va a ser tu madre.
Novia: Estoy contenta. Cuando he dado el si es porque quiero darlo.
Madre: Naturalmente. (Le coge la barbilla.) Mírame.
Padre: Se parece en todo a mi mujer.
Madre: ¿Sí? ¡Qué hermoso mirar! ¿Tú sabes lo que es casarse, criatura?
Novia: (Seria) Lo sé.
Madre: Un hombre, unos hijos y una pared de dos varas de ancho para todo lo demás.
Novio: ¿Es que hace falta otra cosa?
Madre: No. Que vivan todos, ¡eso! ¡Que vivan!
Novia: Yo sabré cumplir.
Madre: Aquí tienes unos regalos.
Novia: Gracias.
Padre: ¿No tomamos algo?
Madre: Yo no quiero. (Al novio.) ¿Y tú?
Novio: Tomaré. (Toma un dulce. La novia toma otro.)
Padre: (Al novio) ¿Vino?
Madre: No lo prueba.
Padre: ¡Mejor!
(Pausa. Todos están de pie.)
Novio: (A la novia) Mañana vendré.
Novia: ¿A qué hora?
Novio: A las cinco.
Novia: Yo te espero.
Novio: Cuando me voy de tu lado siento un despego grande y así como un nudo en la garganta.
Novia: Cuando seas mi marido ya no lo tendrás.
Novio: Eso digo yo.
Madre: Vamos. El sol no espera. (Al padre.) ¿Conformes en todo?
Padre: Conformes.
Madre: (A la criada) Adiós, mujer.
Criada: Vayan ustedes con Dios.
(La madre besa a la novia y van saliendo en silencio)
Madre: (En la puerta) Adiós, hija. (La novia contesta con la mano)
Padre: Yo salgo con vosotros. (Salen)
Criada: Que reviento por ver los regalos.
Novia: (Agria) Quita.
Criada: ¡Ay, niña, enséñamelos!
Novia: No quiero.
Criada: Siquiera las medias. Dicen que todas son caladas. ¡Mujer!
Novia: ¡Ea. que no!
Criada: Por Dios. Está bien. Parece como si no tuvieras ganas de casarte.
Novia: (Mordiéndose la mano con rabia) ¡Ay!
Criada: Niña, hija, ¿qué te pasa? ¿Sientes dejar tu vida de reina? No pienses en cosas agrias. ¿Tienes motivo? Ninguno. Vamos a ver los regalos. (Coge la caja.)
Novia: (Cogiéndola de las muñecas) Suelta.
Criada: ¡Ay, mujer!
Novia: Suelta he dicho.
Criada: Tienes más fuerza que un hombre.
Novia: ¿No he hecho yo trabajos de hombre? ¡Ojalá fuera!
Criada: ¡No hables así!
Novia: Calla he dicho. Hablemos de otro asunto.
(La luz va desapareciendo de la escena. Pausa larga)
Criada: ¿Sentiste anoche un caballo?
Novia: ¿A qué hora?
Criada: A las tres.
Novia: Sería un caballo suelto de la manada.
Criada: No. Llevaba jinete.
Novia: ¿Por qué lo sabes?
Criada: Porque lo vi. Estuvo parado en tu ventana. Me chocó mucho.
Novia: ¿No sería mi novio? Algunas veces ha pasado a esas horas.
Criada: No.
Novia: ¿Tú le viste?
Criada: Sí.
Novia: ¿Quién era?
Criada: Era Leonardo.
Novia: (Fuerte) ¡Mentira! ¡Mentira! ¿A qué viene aquí?
Criada: Vino.
Novia: ¡Cállate! ¡Maldita sea tu lengua! (Se siente el ruido de un caballo.)
Criada: (En la ventana) Mira, asómate. ¿Era?
Novia: ¡Era!
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Zaguán de casa de la novia. Portón al fondo. Es de noche. La novia sale con enaguas blancas encañonadas, llenas de encajes y puntas bordadas, y un corpiño blanco, con los brazos al aire. La criada lo mismo
Criada: Aquí te acabaré de peinar.
Novia: No se puede estar ahí dentro, del calor.
Criada: En estas tierras no refresca ni al amanecer.
(Se sienta la novia en una silla baja y se mira en un espejito de mano. La criada la peina.)
Novia: Mi madre era de un sitio donde había muchos árboles. De tierra rica.
Criada: ¡Así era ella de alegre!
Novia: Pero se consumió aquí.
Criada: El sino.
Novia: Como nos consumimos todas. Echan fuego las paredes. ¡Ay!, no tires demasiado.
Criada: Es para arreglarte mejor esta onda. Quiero que te caiga sobre la frente. (La novia se mira en el espejo.) ¡Qué hermosa estás! ¡Ay! (La besa apasionadamente.)
Novia: (Seria) Sigue peinándome.
Criada: (Peinándola)¡Dichosa tú que vas a abrazar a un hombre, que lo vas a besar, que vas a sentir su peso!
Novia: Calla.
Criada: Y lo mejor es cuando te despiertes y lo sientas al lado y que él te roza los hombros con su aliento, como con una plumilla de ruiseñor.
Novia: (Fuerte.) ¿Te quieres callar?
Criada: ¡Pero, niña! Una boda, ¿qué es? Una boda es esto y nada más. ¿Son los dulces? ¿Son los ramos de flores? No. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer.
Novia: No se debe decir.
Criada: Eso es otra cosa. ¡Pero es bien alegre!
Novia: O bien amargo.
Criada: El azahar te lo voy a poner desde aquí hasta aquí, de modo que la corona luzca sobre el peinado. (Le prueba un ramo de azahar.)
Novia: (Se mira en el espejo) Trae. (Coge el azahar y lo mira y deja caer la cabeza abatida.)
Criada: ¿Qué es esto?
Novia: Déjame.
Criada: No son horas de ponerse triste. (Animosa.) Trae el azahar. (La novia tira el azahar.) ¡Niña! Qué castigo pides tirando al suelo la corona? ¡Levanta esa frente! ¿Es que no te quieres casar? Dilo. Todavía te puedes arrepentir.(Se levanta.)
Novia: Son nublos. Un mal aire en el centro, ¿quién no lo tiene?
Criada: Tú quieres a tu novio.
Novia: Lo quiero.
Criada: Sí, sí, estoy segura.
Novia: Pero este es un paso muy grande.
Criada: Hay que darlo.
Novia: Ya me he comprometido.
Criada: Te voy a poner la corona.
Novia: (Se sienta) Date prisa, que ya deben ir llegando.
Criada: Ya llevarán lo menos dos horas de camino.
Novia: ¿Cuánto hay de aquí a la iglesia?
Criada: Cinco leguas por el arroyo, que por el camino hay el doble.
(La novia se levanta y la criada se entusiasma al verla.)
Despierte la noviaNovia: (Sonriente) Vamos.
la mañana de la boda.
¡Que los ríos del mundo
lleven tu corona!
Que despierte(Se oyen unos aldabonazos.)
con el ramo verde
del laurel florido.
¡Que despierte
por el tronco y la rama
de los laureles!
¡Despierte la noviaLeonardo:
la mañana de la boda!
Despierte la noviaCriada: Es la gente. Vienen lejos todavía.
la mañana de la boda.
Despierte la noviaNovia: Despierte la novia!(Sale corriendo a su cuarto.)
la mañana de la boda.
Despierte la noviaVoces:
la mañana de la boda;
ruede la ronda
y en cada balcón una corona.
¡Despierte la novia!Criada: (Moviendo algazara)
Que despierteMuchacha 2: (Entrando)
con el ramo verde
del amor florido.
¡Que despierte
por el tronco y la rama
de los laureles!
Que despierteCriada:
con el largo pelo,
camisa de nieve,
botas de charol y plata
y jazmines en la frente.
¡Ay pastora,Muchacha 1:
que la luna asoma!
¡Ay galán,Mozo 1: (Entrando con el sombrero en alto)
deja tu sombrero por el olivar!
Despierte la novia.Voces:
que por los campos viene
rondando la boda,
con bandejas de dalias
y panes de gloria.
¡Despierte la novia!Muchacha 2:
La noviaCriada:
se ha puesto su blanca corona,
y el novio
se la prende con lazos de oro.
Por el toronjilMuchacha 3: (Entrando)
la novia no puede dormir.
Por el naranjel(Entran tres convidados.)
el novio le ofrece cuchara y mantel.
¡Despierta. paloma!Convidado:
El alba despeja
campanas de sombra.
La novia, la blanca novia,Muchacha 1:
hoy doncella,
mañana señora.
Baja, morena,Convidado:
arrastrando tu cola de seda.
Baja, morenita.Mozo 1:
que llueve rocío la mañana fría.
Despertad, señora, despertad,Criada:
porque viene el aire lloviendo azahar.
Un árbol quiero bordarleVoces:
lleno de cintas granates
y en cada cinta un amor
con vivas alrededor.
Despierte la novia.Mozo 1:
¡La mañana de la boda!Convidado:
La mañana de la bodaPadre: (Entrando)
qué galana vas a estar,
pareces, flor de los montes,
la mujer de un capitán.
La mujer de un capitánMuchacha 3:
se lleva el novio.
¡Ya viene con sus bueyes por el tesoro!
El novioCriada:
parece la flor del oro.
Cuando camina,
a sus plantas se agrupan las clavellinas.
¡Ay mi niña dichosa!Mozo 2:
Que despierte la novia.Criada:
¡Ay mi galana!Muchacha 1:
La boda está llamandoMuchacha 2:
por las ventanas.
Que salga la novia.Muchacha 1:
¡Que salga, que salga!Criada:
¡Que toquen y repiquenMozo 1:
las campanas!
¡Que viene aquí! ¡Que sale ya!Criada:
¡Como un toro, la boda(Aparece la novia. Lleva un traje negro mil novecientos, con caderas y larga cola rodeada de gasas plisadas y encajes duros. Sobre el peinado de visera lleva la corona de azahar. Suenan las guitarras. Las Muchachas besan a la novia.)
levantándose está!
El novioMuchacha 2:
parece la flor del oro.
¡Aires de sosiego(El novio se dirige al lado de la novia.)
le manan los ojos!
La mañana de casadaMujer:
la corona te ponemos.
¡Para que el campo se alegreMadre: (Al padre) ¿También están ésos aquí?
con el agua de tu pelo!
Al salir de tu casa,Muchacha 1:
blanca doncella,
acuérdate que sales
como una estrella...
Limpia de cuerpo y ropa(Van saliendo.)
al salir de tu casa para la boda.
¡Ya sales de tu casaCriada:
para la iglesia!
¡El aire pone floresMuchacha 3:
por las arenas!
¡Ay la blanca niña!Criada:
Aire oscuro el encaje(Salen. Se oyen guitarras, palillos y panderetas. Quedan solos Leonardo y su mujer.)
de su mantilla.
¡Al salir de tu casaMujer: (Llorando)
para la iglesia,
acuérdate que sales
como una estrella!
¡Acuérdate que salesAsí salí yo de mi casa también. Que me cabía todo el campo en la boca.
como una estrella!
Al salir de tu casa
para la iglesia,
acuérdate que sales
como una estrella.
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Exterior de la cueva de la novia. Entonación en blancos grises y azules fríos. Grandes chumberas. Tonos sombríos y plateados. Panorama de mesetas color barquillo, todo endurecido como paisaje de cerámica popular.
Criada: (Arreglando en una mesa copas y bandejas)
Giraba,Madre: (Entrando) ¡Por fin!
giraba la rueda
y el agua pasaba,
porque llega la boda,
que se aparten las ramas
y la luna se adorne
por su blanca baranda.
Pon los manteles! (En voz alta)
Cantaban. (En voz patética.)
cantaban los novios
y el agua pasaba,
porque llega la boda,
que relumbre la escarcha
y se llenen de miel
las almendras amargas.
¡Prepara el vino! (En voz alta)
Galana. (En voz patética.)
galana de la tierra.
mira cómo el agua pasa.
Porque llega tu boda
recógete las faldas
y bajo el ala del novio
nunca salgas de tu casa.
Porque el novio es un palomo
con todo el pecho de brasa
y espera el campo el rumor
de la sangre derramada.
Giraba,
giraba la rueda
y el agua pasaba.
¡Porque llega tu boda,
deja que relumbre el agua!
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Bosque. Es de noche. Grandes troncos húmedos. Ambiente oscuro. Se oyen dos violines. Salen tres leñadores.
Leñador 1: ¿Y los han encontrado?
Leñador 2: No. Pero los buscan por todas partes.
Leñador 3: Ya darán con ellos.
Leñador 2: ¡Chisss!
Leñador 3: ¿Qué?
Leñador 2: Parece que se acercan por todos los caminos a la vez.
Leñador 1: Cuando salga la luna los verán.
Leñador 2: Debían dejarlos.
Leñador 1: El mundo es grande. Todos pueden vivir de él.
Leñador 3: Pero los matarán.
Leñador 2: Hay que seguir la inclinación: han hecho bien en huir.
Leñador 1: Se estaban engañando uno a otro y al fin la sangre pudo más.
Leñador 3: ¡La sangre!
Leñador 1: Hay que seguir el camino de la sangre.
Leñador 2: Pero sangre que ve la luz se la bebe la tierra.
Leñador 1: ¿Y qué? Vale más ser muerto desangrado que vivo con ella podrida.
Leñador 3: Callar.
Leñador 1: ¿Qué? ¿Oyes algo?
Leñador 3: Oigo los grillos, las ranas, el acecho de la noche.
Leñador 1: Pero el caballo no se siente.
Leñador 3: No
Leñador 1: Ahora la estará queriendo.
Leñador 2: El cuerpo de ella era para él y el cuerpo de él para ella.
Leñador 3: Los buscan y los matarán.
Leñador 1: Pero ya habrán mezclado sus sangres y serán como dos cántaros vacíos, como dos arroyos secos.
Leñador 2: Hay muchas nubes y será fácil que la luna no salga.
Leñador 3: El novio los encontrará con luna o sin luna. Yo lo vi salir. Como una estrella furiosa. La cara color ceniza. Expresaba el sino de su casta.
Leñador 1: Su casta de muertos en mitad de la calle.
Leñador 2: ¡Eso es!
Leñador 3: ¿Crees que ellos lograrán romper el cerco?
Leñador 2: Es difícil. Hay cuchillos y escopetas a diez leguas a la redonda.
Leñador 3: Él lleva buen caballo.
Leñador 2: Pero lleva una mujer.
Leñador 1: Ya estamos cerca.
Leñador 2: Un árbol de cuarenta ramas. Lo cortaremos pronto.
Leñador 3: Ahora sale la luna. Vamos a darnos prisa.
(Por la izquierda surge una claridad)
Leñador 1:
¡Ay luna que sales!Leñador 2:
Luna de las hojas grandes.
¡Llena de jazmines de sangre!Leñador 1:
¡Ay luna sola!Leñador 2:
¡Luna de las verdes hojas!
Plata en la cara de la novia.Leñador 3:
¡Ay luna mala!Leñador 1:
Deja para el amor la oscura rama.
¡Ay triste luna!(Salen. Por la claridad de la izquierda aparece la Luna. La Luna es un leñador joven, con la cara blanca. La escena adquiere un vivo resplandor azul.)
¡Deja para el amor la rama oscura!
Cisne redondo en el río,(Desaparece entre los troncos y vuelve la escena a su luz oscura. Sale una anciana totalmente cubierta por tenues paños verdeoscuros. Lleva los pies descalzos. Apenas si se le verá el rostro entre los pliegues. Este personaje no figura en el reparto.)
ojo de las catedrales,
alba fingida en las hojas
soy; ¡no podrán escaparse!
¿Quién se oculta? ¿Quién solloza
por la maleza del valle?
La luna deja un cuchillo
abandonado en el aire,
que siendo acecho de plomo
quiere ser dolor de sangre.
¡Dejadme entrar! ¡Vengo helada
por paredes y cristales!
¡Abrid tejados y pechos
donde pueda calentarme!
¡Tengo frío! Mis cenizas
de soñolientos metales
buscan la cresta del fuego
por los montes y las calles.
Pero me lleva la nieve
sobre su espalda de jaspe,
y me anega, dura y fría,
el agua de los estanques.
Pues esta noche tendrán
mis mejillas roja sangre,
y los juncos agrupados
en los anchos pies del aire.
¡No haya sombra ni emboscada.
que no puedan escaparse!
¡Que quiero entrar en un pecho
para poder calentarme!
¡Un corazón para mí!
¡Caliente!, que se derrame
por los montes de mi pecho;
dejadme entrar, ¡ay, dejadme! (A las ramas.)
No quiero sombras. Mis rayos
han de entrar en todas partes,
y haya en los troncos oscuros
un rumor de claridades,
para que esta noche tengan
mis mejillas dulce sangre,
y los juncos agrupados
en los anchos pies del aire.
¿Quién se oculta? ¡Afuera digo!
¡No! ¡No podrán escaparse!
Yo haré lucir al caballo
una fiebre de diamante.
Esa luna se va, y ellos se acercan.(Aparece la luna. Vuelve la luz intensa.)
De aquí no pasan. El rumor del río
apagará con el rumor de troncos
el desgarrado vuelo de los gritos.
Aquí ha de ser, y pronto. Estoy cansada.
Abren los cofres, y los blancos hilos
aguardan por el suelo de la alcoba
cuerpos pesados con el cuello herido.
No se despierte un pájaro y la brisa,
recogiendo en su falda los gemidos,
huya con ellos por las negras copas
o los entierre por el blanco limo.
¡Esa luna, esa luna! (Impaciente.)
¡Esa luna, esa luna!
Ya se acercan.Mendiga:
Unos por la cañada y otros por el río.
Voy a alumbrar las piedras. ¿Qué necesitas?
Nada.Luna:
El aire va llegando duro, con doble filo.Mendiga:
Ilumina el chaleco y aparta los botones,Luna:
que después las navajas ya saben el camino.
Pero que tarden mucho en morir. Que la sangreMendiga: No dejemos que pasen el arroyo. ¡Silencio!
me ponga entre los dedos su delicado silbo.
¡Mira que ya mis valles de ceniza despiertan
en ansia de esta fuente de chorro estremecido!
¡De prisa! Mucha luz. ¿Me has oído?(Entran el novio y mozo 1. La mendiga se sienta y se tapa con el manto.)
¡No pueden escaparse!
¡Ay muerte que sales!Leñador 2:
Muerte de las hojas grandes.
¡No abras el chorro de la sangre!Leñador 1:
¡Ay muerte sola!Leñador 3:
Muerte de las secas hojas.
¡No cubras de flores la boda!Leñador 2:
¡Ay triste muerte!Leñador 1:
Deja para el amor la rama verde.
¡Ay muerte mala!(Van saliendo mientras hablan. Aparecen Leonardo y la novia.)
¡Deja para el amor la verde rama!
Desde aquí yo me iré sola.Leonardo:
¡Vete! ¡Quiero que te vuelvas!
¡Calla, digo!Novia:
Con los dientes,Leonardo:
con las manos, como puedas.
quita de mi cuello honrado
el metal de esta cadena,
dejándome arrinconada
allá en mi casa de tierra.
Y si no quieres matarme
como a víbora pequeña,
pon en mis manos de novia
el cañón de la escopeta.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Ya dimos el paso; ¡calla!Novia:
porque nos persiguen cerca
y te he de llevar conmigo.
¡Pero ha de ser a la fuerza!Leonardo:
¿A la fuerza? ¿Quién bajóNovia:
primero las escaleras?
Yo las bajé.Leonardo:
¿Quién le pusoNovia:
al caballo bridas nuevas?
Yo misma. Verdad.Leonardo:
¿Y qué manosNovia:
me calzaron las espuelas?
Estas manos que son tuyas,Leonardo:
pero que al verte quisieran
quebrar las ramas azules
y el murmullo de tus venas.
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!Novia:
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.
¡Ay que sinrazón! No quieroLeonardo:
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
y a toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.
Pájaros de la mañana(La abraza fuertemente.)
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el filo de la piedra.
Vamos al rincón oscuro,
donde yo siempre te quiera,
que no me importa la gente,
ni el veneno que nos echa.
Y yo dormiré a tus piesLeonardo:
para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo,
como si fuera una perra, (Dramática.)
¡porque eso soy! Que te miro
y tu hermosura me quema.
Se abrasa lumbre con lumbre.(La arrastra.)
La misma llama pequeña
mata dos espigas juntas.
¡Vamos!
¿Adónde me llevas?Leonardo:
A donde no puedan irNovia: (Sarcástica)
estos hombres que nos cercan.
¡Donde yo pueda mirarte!
Llévame de feria en feria,Leonardo:
dolor de mujer honrada,
a que las gentes me vean
con las sábanas de boda
al aire como banderas.
También yo quiero dejarte(Toda esta escena es violenta, llena de gran sensualidad.)
si pienso como se piensa.
Pero voy donde tú vas.
Tú también. Da un paso. Prueba.
Clavos de luna nos funden
mi cintura y tus caderas.
¡Huye!Leonardo: Cállate. Ya suben.
Es justo que yo aquí muera
con los pies dentro del agua,
espinas en la cabeza.
Y que me lloren las hojas.
mujer perdida y doncella.
Silencio. Que no nos sientan.(Vacila la novia)
Tú delante. ¡Vamos, digo!
¡Como quieras!Novia:
Si nos separan, será
porque esté muerto.
Y yo muerta.(Salen abrazados. Aparece la luna muy despacio. La escena adquiere una fuerte luz azul. Se oyen los dos violines. Bruscamente se oyen dos largos gritos desgarrados y se corta la música de los violines. Al segundo grito aparece la mendiga y queda de espaldas. Abre el manto y queda en el centro, como un gran pájaro de alas inmensas. La luna se detiene. El telón baja en medio de un silencio absoluto.)
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Habitación blanca con arcos y gruesos muros. A la derecha y a la izquierda, escaleras blancas. Gran arco al fondo y pared del mismo color. El suelo será también de un blanco reluciente. Esta habitación simple tendrá un sentido monumental de iglesia. No habrá ni un gris, ni una sombra, ni siquiera lo preciso para la perspectiva. Dos muchachas vestidas de azul oscuro están devanando una madeja roja.
Muchacha 1:
Madeja, madeja,Muchacha 2:
¿qué quieres hacer?
Jazmín de vestido,Niña: (Cantando)
cristal de papel.
Nacer a las cuatro,
morir a las diez.
Ser hilo de lana,
cadena a tus pies
y nudo que apriete
amargo laurel.
¿Fuiste a la boda?Muchacha 1:
No.Niña:
¡Tampoco fui yo!Muchacha 2:
¿Qué pasaría
por los tallos de la viña?
¿Qué pasaría
por el ramo de la oliva?
¿Qué pasó
que nadie volvió?
¿Fuiste a la boda?
Hemos dicho que no.Niña: (Yéndose)
¡Tampoco fui yo!Muchacha 2:
Madeja, madejaMuchacha 1:
¿qué quieres cantar?
Heridas de cera,Niña: (En la puerta)
dolor de arrayán.
Dormir la mañana,
de noche velar.
El hilo tropieza(Se va.)
con el pedernal.
Los montes azules
lo dejan pasar.
Corre, corre, corre.
y al fin llegará
a poner cuchillo
y a quitar el pan.
Madeja. madeja,Muchacha 1:
¿qué quieres decir?
Amante sin habla.(Se detiene mirando la madeja.)
Novio carmesí.
Por la orilla muda
tendidos los vi.
Corre, corre, corre(Se va. Aparece la mujer y la suegra de Leonardo. Llegan angustiadas.)
el hilo hasta aquí.
Cubiertos de barro
los siento venir.
¡Cuerpos estirados,
paños de marfil!
¿Vienen ya?Suegra: (Agria)
No sabemos.Muchacha 2:
Qué contáis de la boda?Muchacha 1:
Dime.Suegra: (Seca)
Nada.Mujer:
Quiero volver para saberlo todo.Suegra: (Enérgica)
Tú, a tu casa.Mujer:
Valiente y sola en tu casa.
A envejecer y a llorar.
Pero la puerta cerrada.
Nunca. Ni muerto ni vivo.
Clavaremos las ventanas.
Y vengan lluvias y noches
sobre las hierbas amargas.
¿Qué habrá pasado?Suegra:
No importa.(Salen.)
Échate un velo en la cara.
Tus hijos son hijos tuyos
nada más. Sobre la cama
pon una cruz de ceniza
donde estuvo su almohada.
Un pedazo de pan, muchachas.Niña:
¡Vete!(Las muchachas se agrupan.)
¿Por qué?Niña:
Porque tú gimes: vete.Muchacha 1:
¡Niña!Mendiga:
¡Pude pedir tus ojos! Una nubeNiña:
de pájaros me sigue: ¿quieres uno?
¡Yo me quiero marchar!Muchacha 2: (A la mendiga)
¡No le hagas caso!Muchacha 1:
¿Vienes por el camino del arroyo?Mendiga:
Por allí vine.Muchacha 1: (Tímida)
¿Puedo preguntarte?Mendiga:
Yo los vi; pronto llegan: dos torrentesMuchacha 1:
quietos al fin entre las piedras grandes,
dos hombres en las patas del caballo.
Muertos en la hermosura de la noche. (Con delectación.)
Muertos sí, muertos.
¡Calla, vieja, calla!Mendiga:
Flores rotas los ojos, y sus dientes(Se va. Las muchachas inclinan la cabeza y rítmicamente van saliendo.)
dos puñados de nieve endurecida.
Los dos cayeron, y la novia vuelve
teñida en sangre falda y cabellera.
Cubiertos con dos mantas ellos vienen
sobre los hombros de los mozos altos.
Así fue; nada más. Era lo justo.
Sobre la flor del oro, sucia arena.
Sucia arena.Muchacha 2:
Sobre la flor del oro.Niña:
Sobre la flor del oro(Se va. Queda la escena sola. Aparece la madre con una vecina. La vecina viene llorando.)
traen a los novios del arroyo.
Morenito el uno,
morenito el otro.
¡Qué ruiseñor de sombra vuela y gime
sobre la flor del oro!
Era hermoso jinete,Madre:
y ahora montón de nieve.
Corría ferias y montes
y brazos de mujeres.
Ahora, musgo de noche
le corona la frente.
Girasol de tu madre,Mujer:
espejo de la tierra.
Que te pongan al pecho
cruz de amargas adelfas;
sábana que te cubra
de reluciente seda,
y el agua forme un llanto
entre tus manos quietas.
¡Ay, qué cuatro muchachosNovia:
llegan con hombros cansados!
¡Ay, qué cuatro galanesMadre:
traen a la muerte por el aire!
Vecinas.Niña: (En la puerta)
Ya los traen.Madre:
Es lo mismo.Mujeres:
La cruz, la cruz.
Dulces clavos,Novia:
dulce cruz,
dulce nombre
de Jesús.
Que la cruz ampare a muertos y vivos.Madre:
Vecinas: con un cuchillo,Novia:
con un cuchillito,
en un día señalado, entre las dos y las tres,
se mataron los dos hombres del amor.
Con un cuchillo.
con un cuchillito
que apenas cabe en la mano,
pero que penetra fino
por las carnes asombradas
y que se para en el sitio
donde tiembla enmarañada
la oscura raíz del grito.
Y esto es un cuchillo,Madre:
un cuchillito
que apenas cabe en la mano;
pez sin escamas ni río,
para que un día señalado, entre las dos y las tres,
con este cuchillo
se queden dos hombres duros
con los labios amarillos.
Y apenas cabe en la mano.(Las vecinas, arrodilladas en el suelo, lloran.)
pero que penetra frío
por las carnes asombradas
y allí se para, en el sitio
donde tiembla enmarañada
la oscura raíz del grito.
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